Tipos de cristal para puertas correderas: Seguridad, aislamiento y estética comparados

En la decoración del hogar, son muchos los elementos que hacen que al final el resultado sea satisfactorio, funcional y acorde a los gustos estéticos de sus propietarios y a los metros disponibles.

Dentro del ámbito de la separación de espacios, las puertas correderas de cristal se consideran elementos especiales por el efecto global que producen ya que no ocupan lugar, dejan pasar la luz y cambian por completo la sensación de una estancia. Donde antes había un muro pesado, aparece una separación ligera que conecta ambientes sin mezclarlos del todo. Pero detrás de esa ligereza visual, hay que tener en cuenta que tipo de cristal elegir para que el resultado sea óptimo.

Cuando alguien se plantea instalar puertas correderas de cristal, suele pensar en el diseño, en la luz o en cómo quedará el conjunto. Sin embargo, el comportamiento del vidrio influye tanto en la seguridad como en el confort térmico y acústico del espacio.

Cristal templado, pensado para resistir el uso diario

El cristal templado es, probablemente, el más habitual en este tipo de puertas. Se trata de un vidrio tratado térmicamente para hacerlo mucho más resistente que uno convencional. Soporta mejor los golpes accidentales, los cambios de temperatura y el uso continuo, algo muy relevante en zonas de paso frecuente.

Tiene además una ventaja práctica muy valorado cuando hay niños en casa, y es que, si llega a romperse, se fragmenta en trozos pequeños y redondeados que reducen el riesgo de cortes importantes.

A nivel visual, es un cristal limpio, ligero, que favorece la sensación de continuidad entre estancias. Eso sí, cuando se instala en formato simple, su capacidad de aislamiento térmico y acústico es limitada.

Cristal laminado, un plus de seguridad y tranquilidad

El cristal laminado está formado por dos láminas de vidrio unidas por una capa interior plástica que cambia notablemente su comportamiento.

En caso de rotura, los fragmentos quedan adheridos a esa lámina, evitando que el hueco quede abierto. Esto aporta un nivel de seguridad adicional que resulta interesante tanto en viviendas como en oficinas.

Además, el laminado tiene un mejor rendimiento acústico que el templado simple. Ayuda a amortiguar el ruido y a crear ambientes más silenciosos, algo que se agradece cuando se busca separar un despacho del salón o una zona de descanso de un área más transitada.

También permite jugar con acabados mateados o translúcidos que aportan privacidad sin renunciar a la entrada de luz.

Doble acristalamiento, cuando el aislamiento importa

Hay situaciones en las que lo más importante, más allá de la resistencia o la seguridad, es el confort térmico. Es el caso de puertas correderas que conectan con el exterior o que separan espacios con diferencias de temperatura.

 

El doble acristalamiento está formado por dos vidrios separados por una cámara de aire o gas que actúa como barrera térmica. Este sistema reduce la pérdida de calor en invierno y limita la entrada de calor en verano, mejorando la eficiencia energética del conjunto.

También ayuda a reducir el ruido exterior, lo que se nota especialmente en viviendas ubicadas en calles transitadas o en oficinas que necesitan un ambiente más tranquilo.

Este tipo de cristal puede combinarse con templado o laminado, sumando ventajas en resistencia y seguridad.

 

Por último, cabe incidir en que el cristal forma parte del diseño del espacio y hay que considerar que no transmite lo mismo un vidrio completamente transparente que uno ácido, serigrafiado o con acabado opaco.

Los acabados influyen en la privacidad, en la cantidad de luz que entra y en la personalidad del ambiente. En viviendas modernas suele buscarse transparencia y luminosidad. En oficinas, en cambio, se valora más la posibilidad de separar visualmente sin cerrar por completo.

Entender las diferencias entre estos tipos de cristal ayuda a tomar decisiones más acertadas y a conseguir que la puerta corredera decorativa sin renunciar a la funcionalidad.