Las pérgolas han pasado de ser un elemento puramente decorativo a convertirse en
estructuras funcionales que amplían espacios habitables, protegen del sol y la lluvia,
y aportan valor arquitectónico tanto en viviendas como en negocios. Esta evolución ha traído consigo
una exigencia creciente: ya no basta con que una pérgola “quede bien”, también debe
resistir las acciones climáticas reales a las que va a estar sometida durante décadas.
En los últimos años, el aumento de fenómenos meteorológicos extremos —rachas de viento intensas,
nevadas poco habituales en ciertas zonas o lluvias persistentes— ha puesto en evidencia que muchas
pérgolas fallan no por el material, sino por un
dimensionado estructural insuficiente o directamente inexistente.
De elemento ornamental a estructura sometida a cargas
Una pérgola, aunque ligera en apariencia, es una estructura expuesta. A diferencia de otros elementos
del edificio, suele situarse en zonas abiertas, sin protección lateral y, en muchos casos, anclada a
fachadas o apoyada sobre terreno exterior.
Esto implica que debe ser capaz de resistir:
- Cargas permanentes: peso propio de la estructura, cubiertas, lamas o toldos.
- Cargas variables: principalmente viento y nieve.
- Acciones accidentales: impactos, acumulaciones puntuales y dilataciones térmicas.
Ignorar estas acciones es el origen de la mayoría de patologías observadas en pérgolas instaladas sin
criterio técnico.
Cargas de viento: el enemigo invisible
El viento no actúa solo empujando de forma horizontal. En una pérgola, especialmente si cuenta con
cubierta rígida o lamas orientables, puede generar presiones, succiones y torsiones estructurales.
- Presiones positivas (empuje directo).
- Succiones (efecto de levantamiento).
- Torsiones en pilares y vigas.
En zonas expuestas, una pérgola mal anclada puede comportarse como un ala, transmitiendo esfuerzos
importantes a los puntos de fijación.
Cargas de nieve: un riesgo subestimado
La nieve actúa como una carga vertical uniforme, pero con un peso considerable,
especialmente cuando se acumula de forma desigual.
- Altitud y ubicación geográfica.
- Pendiente de la cubierta.
- Posibilidad de acumulación.
- Presencia de obstáculos.
El dimensionado estructural: donde se decide todo
El dimensionado estructural determina secciones, materiales y uniones necesarias para garantizar la
seguridad de la pérgola durante toda su vida útil.
- Pilares: pandeo, esbeltez y anclaje.
- Vigas: flechas admisibles y esfuerzos.
- Uniones: tornillería, soldaduras y placas base.
- Cimentación: zapatas y anclajes.
Materiales habituales y su comportamiento estructural
Aluminio
Ligero y resistente a la corrosión, pero con menor rigidez que el acero, lo que exige cálculos precisos.
Acero
Alta resistencia y rigidez, ideal para grandes luces, con necesidad de protección anticorrosiva.
Madera estructural
Material cálido y natural que requiere selección adecuada y protección frente a humedad y envejecimiento.
Normativa y marco técnico en España
El
Código Técnico de la Edificación (CTE)
establece los criterios de cálculo para acciones de viento y nieve.
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ha facilitado el acceso, pero exige comprobar que el diseño sea adecuado para la ubicación real.
- Dimensionado estándar no adaptado.
- Anclajes genéricos.
- Falta de datos técnicos.
Conclusión
Una pérgola es una estructura expuesta a acciones reales. El cálculo de viento, nieve y uniones no es
opcional si se busca seguridad y durabilidad a largo plazo.
